Lo malo del internet en la religión.

La religión es muy hermosa cuando se practica desde la fe y conservando la tradición. El Palo Monte tiene, dentro de su acervo cultural, muchas formas de abordar y resolver diferentes situaciones sociales. Sin embargo, debido al enorme movimiento de las redes sociales, la manera tradicional de practicarlo se ha ido modificando para adaptarse a un sistema de trabajo a distancia.

Esto resulta particularmente importante cuando entendemos que muchas de sus formas de trabajo requieren el contacto directo entre los religiosos y la persona que recurre a ellos. Por ejemplo, la realización de una nsara, un trabajo, un bilongo o cualquier otra obra se hacía de manera personalizada, atendiendo las necesidades particulares de la persona. Hoy, en algunos casos, estos elementos son preparados y enviados por paquetería, lo que plantea una cuestión importante: el contacto, la participación y la consagración que tradicionalmente acompañaban ese proceso ya no se producen de la misma manera.

En todo sistema religioso existen reglas, y la cultura bantú no es la excepción. Estas reglas deben conocerse, respetarse y cumplirse. Aunque las formas de relacionarnos con la religión pueden cambiar con el tiempo, la propia estructura de la tradición hace que el contacto entre los religiosos y la persona que solicita ayuda siga teniendo una importancia fundamental.

Hay cosas que, sencillamente, no pueden realizarse a distancia. Por eso, como tatas y yayas, debemos reconocer que nuestro principal campo de acción se encuentra alrededor del Munanso y que la cadena de unión fraternal continúa siendo fundamental.

Existe una ley muy sencilla: el contacto con aquello que se realiza también forma parte del trabajo. No podemos hacer más de lo que las propias circunstancias y las reglas de la tradición permiten. La limitación existe, y eso no es algo malo; por el contrario, reconocerla y respetarla permite hacer las cosas de manera correcta.

La religión está en todas partes. Por eso, también es bueno recomendar a las personas que busquen un tata o una yaya en su propia localidad cuando necesiten un trabajo que requiera presencia y contacto directo.

Esto no significa que alguien sea menos o más que otro. Simplemente responde a una cuestión lógica: hay prácticas que requieren cercanía, presencia, participación y contacto.

Respetar esos límites también es respetar la tradición.

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